Gonzalo Osés

Gonzalo Osés

jueves, 22 de febrero de 2018

Desintoxicándome de las redes sociales

El martes pasado después de una enganchada pública en Facebook más, me planteaba salir de esa red. Debido a que como el algoritmo te selecciona los comentarios de los que él cree que son tus amigos, pues cuando te ven cómo realmente piensas, se quedan en estado de shock. 

Como iba a echar de menos los quiz de Manolo Burillo, se lo planteé a un par de buenos amigos reales, de los que te hacen favores y te dejan pasta cuando vas pillado como buen emprendedor, pero me dijeron "y dónde leemos tus post…"

Tome la decisión de quitar las aplicaciones del móvil de Facebook, LinkedIn y Twitter, la segunda porque se está facebuqueando y la del pajarito porque no hay dos sin tres, aunque no sea una red social, y que de las tres es la única donde he desvitalizado a compañeros de viaje, con los que luego hemos emprendido caminos juntos, como fue Felix de Seklab, Manuel de Zarpamos y Aurelio de The Heroes Club. 

Tan sólo, me he dedicado a entrar en ellas desde el portátil una vez por la mañana y otra por la tarde antes de empezar a currar… Encontrándome una media de 40 notificaciones en la Facebook, a las cuales es más fácil responder en frío. 

La experiencia está siendo, curiosa, me noto la dependencia a las mismas, que ahora me paso atontado mirando las foto´s happy de Instagram… Y claro como Facebook lo sabe, pues el viernes me envío un recadito, en plan "mira lo que te has perdido últimamente". Entonces, ¿la amistad es ser un cotilla? Digo yo que si Yago o Antonio quieren comentarme algo que nos lleve a la acción en la vida real, ya me guasapearán.

Suena a tópico, pero sí, he ganado calidad de vida, al poco a poco dejar de mirar el móvil para ver si había notificaciones nuevas, y sobre todo ganar en profundidad de mis desarrollos explorativos sobre transferencia de innovación o conectividad, aportando más valor tanto en foros de tecnología como en la vida real, y darme cuenta que los verdaderos amigos si quieren algo te guasapean, que sumado a lo de Instagram, creo que estoy sustituyendo el Facebook por ambas, por lo que la captación de datos para los patrones de comportamiento, Mark los tiene asegurados conmigo.

Te reconozco que ayer me volví a instalar Twitter, al estar en una clase de innovación y ser el canal con el que hablar con los ponentes, pero luego la volví a eliminar. 

Curiosamente, la semana pasada leía diferentes artículos sobre la necesidad de desintoxicación de las redes, como el creador de Napster y primer presidente de Facebook que se arrepentía de haber creado este moldeador de personas.

Hasta en Los Angeles hay una clínica para desintoxicar a los chavales ricos de su adicción al móvil. Como si ante lo digital los adultos tuviéramos una madurez cuando nos la meten doblada con la supuesta amistad que se crea estando pendiente de lo que dicen los demás en un muro virtual.

¿Algún día dejare las redes sociales Facebook y LinkedIn? Creo que sí. Ayer me quedé sin batería en el móvil, y no me dio un sincope, al revés, fue como, un no pasa nada, vive y disfruta, por cierto, tras una comida reunión con un amigo nos fuimos al cine, y alucine con la cantidad de gente que había a las cinco de la tarde, pero eso no sale en las noticias, no vayan a pinchar la transformación digital.

y ¿tú? Has pensado en hacer dieta de las redes sociales, si es así cuéntamelo. 


jueves, 15 de febrero de 2018

Competencias 2033


El pasado fin de semana me juntaba con un centenar de personas innovadoras y en su mayoría informáticas, de las cuales la mayoría al intentar profundizar sobre lo que hacían, y al algo muy técnico y concreto me decía, informática y solucionadora de problemas.

Una de las personas era director de colegio, de esos donde construyen personas, y nos lanzó un guante ¿Qué competencias hay que formar ahora a los niños que en 2033 tengan 18 años?

Hay un hilo del foro con ello, y cada persona resolvedora de problemas plantea una línea de actuación complementaria o disruptiva con lo anterior, con la que se va generando un batería de rutas para explorar muy interesantes.

Esta semana se está celebrando el Madrid Design Festival, y ayer la exploradora de tendencias Marisa Santamaría ayudaba a entender el mapa del presente continuo que es en sí mismo el ilustrador Aitor Sarabia al plantearle como rediseñar el mundo.

Lo bueno, es que cada vez hay más maestros como Marías Acaso y Césares Bonas, a la par que cada vez más personas se atreven a plantear lo que creen que viene y las competencias necesarias para afrontarlo de forma pública en meetups, aunque deban cuidar la forma de decirlo para no causar rechazo entre las que van a escucharle.

Y la solución es… A Javier Olivan lo definió hace unas semanas Bernardo Hernández como la persona que detectaba muy rápido cual era el problema, a la par que aportaba una solución. ¡Claro que por algo Javier es una de las personas de confianza de Mark… Zuckeberg!!! Ojalá fuéramos todos Olivanes, porque incomprensiblemente somos una especie que tenemos pánico al cambio. En mi caso, me quedo en detectar rápido el problema y busco a las personas que pueden aportar soluciones sostenibles, los excelentes son ellas, a mí con canalizar talento con talante me sobra.

Y me cruzo en el camino de solucionadores y constructores de innovación como Javier Sirvent, del cual tengo bastante curiosidad por la bomba mediática que va a lanzar este sábado en Santander Social Week, habrá que estar atento al hashtag.

Reconozco que cuando te dan una pista buena de la solución es muy gratificante, como fue lo que aprendí del Ángel Garrorena a salir a la calle a validar tu propuesta de valor directamente a la calle cual lean sales, rompiendo con los tiempos de lluvia fina de las tesis doctorales. Como el lunes pasado, en la clase de validación del modelo de negocio en el programa de aceleración de emprendedores de la Escuela de Organización Industrial y el Ayuntamiento de Cuenca, donde pude utilizar esos mini trucos de magia que obran el milagro, al poder ver sonreír a una persona cuando vuelve a recuperar sensaciones al probar que su oferta de valor se la compran personas que conoce, porque les soluciona una necesidad…

Seguiremos explorando y encontrando pistas, para que te atrevas a cambiar y encontrar la solución a la medida de tu libertad de decisión, y la responsabilidad que ello conlleva. O puede que la clave no sea plantearse que hay que solucionar problemas, si no, generar directamente oportunidades, que no necesidades.


go gO GO!

jueves, 8 de febrero de 2018

Entrenador de algoritmos

El moderador de un foro de tecnología al que envíe mi post anterior, me sorprendió ayer diciéndome, “pocos docentes hay”, a lo que le contesté que maestros de primaria no, pero investigadores camuflados de profesionales universitarios y consultores que den clase a emprendedores, team buildings, etc… sí. Estando mi interlocutor de acuerdo con ello.

Es decir, docente como tal no se considera casi nadie, pero lo somos mucha gente, porque cada día se confunde más la delgada línea que separa a la persona que enseña, de la que aprende. De hecho, hay un dicho que dice, que para enseñar hay que aprender antes.

El caso, es que hoy echaban la culpa del desplome de Wall Street al mensajero, perdón, al currito, perdón a los algoritmos, alegando que los algoritmos estaban programados para reaccionar, así como escribe en el artículo de BBC Mundo

La Casa de Bolsa Finamex dice en su página web que esos algoritmos "son capaces de escuchar, analizar y entender gran cantidad de información y pueden automáticamente responder a eventos del mercado en tiempo real".

Y eso fue lo que ocurrió la semana cuando EE.UU. publicó un dato que revelaba que se crearía más empleo de lo esperado; los algoritmos detrás de la bolsa de Wall Street estaban preparados para vender cuando se activara ese dato. 

Lo cual, desde mi modesta e infundada opinión es tirar balones fuera, sin ver los primeros avisos de la pedazo crisis que va a darse en otoño desde este año. Porque ¿absolutamente todos los algoritmos estaban programados igual? ¿También el del elefante de Wall Street?

Y te preguntaras quién entrena a los algoritmos, pues vas a flipar con la respuesta, adivina, lo haces tú, si, si, no mires a otro lado, lo haces tú a diario con cada interacción que haces en digital. ¿Cuántas veces tu interlocutor en un chat de Whatsapp se ha sorprendido de lo que has escrito? Y te acuerdas de el corrector instalado, pues sencillo, está aprendiendo con la excusa de que hables mejor… O cuándo en el buscador de Google haces una búsqueda y no es la que quieres, y haces otra búsqueda más concreta, el algoritmo está en ello. Como estas acciones puede que hagas unas cuantas más a diario.


Es decir, es una profesión del presente, y que no cobres unos euros por ello, es parte del nuevo contrato social que firmaste con la mayoría de las aplicaciones y buscadores. Recuerda, tus datos ya no valen nada, ahora valen tus patrones de comportamiento por cómo entrenas a sus algoritmos, los cuales, casi siempre están para hacerte la vida más andina, menos el lunes en la bolsa que volvió a ser tan emocionante como antaño.